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Cerámica encontrada en La Cueva del Geógrafo:


 

Mientras se realizaban los trabajos de protección del sitio SC-079, Richard Alcázar, arqueólogo de El Fuerte, encontró restos de cerámica negra cuando se realizaban los trabajos de limpieza para la protección del sitio.

El año 2008, la Cueva del Geógrafo tuvo que ser protegida de urgencia, encerrándola completamente con un enmallado, debido a que los efectos del vandalismo, que no respeta el patrimonio cultural de los pueblos, ya se veían en el lugar. Uno de los objetivos de la protección era restringir el acceso al sitio a las personas no autorizadas para posteriormente realizar los trabajos de microestratigrafía, con el fin de encontrar algún elemento orgánico que permita datar la representación geográfica por el método C 14,... Noticia Completa


Poseidon

Moxos ancestral. Los señores del agua  

Reportaje de Pablo Ortiz 

El libro Moxos: una Limnocultura revela los secretos del manejo hídrico que realizaban los habitantes precolombinos de Beni. Dejaron obras de ingeniería que aún no han podido ser igualada en la región. Mantenían a millones de personas a través del cultivo del agua y de campos elevados o terraplenes

Las cifras tienen la facultad de la frialdad objetiva: los incendios y las sequías en Moxos provocaron en 2004 la pérdida de 20.000 cabezas de ganado bovino y recuperarlos costará $us 24 millones. En los últimos años, los conflictos de tierra han provocado el asesinato de un alcalde y todo el territorio está en constante peligro de enfrentamientos entre indígenas y carayanas, entre peones y patrones. Pero todo eso se podría evitar. Es más, los actuales habitantes de Moxos (todo el departamento de Beni tiene menos de 300.000 personas), son apenas una pequeña porción de gente comparada con la que poblaba esta región en el siglo XIV. En ese tiempo, su prosperidad era tal que en los 250.000 kilómetros cuadrados de todo el departamento tenía más superficie cultivada de más de 3 millones de hectárea. Otro dato. Su manejo de los campos era tan eficiente que lograban producciones de maíz sólo comparable a la siembra intensiva en campos de clima templado y con la ayuda de agroquímicos: 5,7 toneladas por hectárea. Y todo esto en un territorio como el amazónico, que según los expertos sólo tiene los nutrientes suficientes para alimentar a un habitante por kilómetro cuadrado.
Pero eso no es todo. También dejaron obras de ingeniería que aún el período republicano no iguala. Una red de terraplenes que permitía el tránsito por toda la sabana beniana en la época de inundación y que servía como regulador hídrico en la época de sequía. Además, excavaron más de 1.500 kilómetros cuadrados de lagunas artificiales en las que practicaban la piscicultura y regulaban a través de canales o ríos artificiales que también les servía como medio de transporte.

Todo esto se explica en Moxos: Una limnocultura, una publicación del Centro de Estudios Amazónicos de España que recoge las experiencias del Proyecto Hoyam, que trabaja en la zona desde principio de la década pasada. Josep Barba es el principal responsable del estudio. Sociólogo de profesión, el catalán aclara que no se trata de una publicación académica, sino de un trabajo de divulgación científica que busca despertar la curiosidad de los investigadores nacionales. El programa Hoyam trata de entender la forma en la que los indígenas manejaban su ecosistema para tener la fuerza laboral necesaria para construir obras de esa envergadura.
“No soy del mundo académico y puedo arriesgarme a generar hipótesis. Hoy en día decir que en Beni hubo varios millones de habitantes y que desarrollaron una piscicultura que hasta hoy no tenemos, no es algo descabellado. Hay una obra pública hecha por un Estado que es muy superior a la realizada por Bolivia después de la independencia o desde la llegada de los españoles. Hay una cantidad de diques, cientos de miles de hectáreas de campos de cultivo, lagunas excavadas en unas proporciones inimaginables”, dice.

Actualmente el programa español busca la tecnología necesaria para realizar un sistema de escaneo confiable que le permita establecer la superficie que era utilizada como campo de cultivo. Cada vez que se desmonta una nueva zona para el pastoreo de ganado pone en evidencia este tipo de construcciones precolombinas. “Estamos hablando de una superficie de entre 1,5 y 3 millones de hectáreas de campos de cultivo”, dice Barba.

Más allá del interés cultural que supone saber cómo trabajaba una cultura precolombina en la zona amazónica, Barba se va por el lado utilitario del asunto. En su opinión, al conocer cómo cultivaban los moxeños se podría hacer un gran aporte a la tecnología agrícola de las tierras bajas, que tienen un grado de desarrollo menor que la que se practica en zonas templadas.

El poder del agua

Con un clima marcado por seis meses de inundación seguido por otros seis de intensa sequía, pensar en que sólo se puede vivir de cultivar la tierra es prácticamente un suicidio. Por eso, los moxeños cultivaban el agua. Ése, para Barba, es un sistema de trabajo que tiene más puntos en común con lo que se hace en Asia, que con la cosmovisión europea. La piscicultura más avanzada del mundo es la asiática y hay países que tienen un ecosistema muy similar al moxeño. El más cercano es Bangladesh, el país con la mayor densidad poblacional del mundo. Con unos suelos y un ciclo climático calcado del beniano, alberga a más de 111 millones de personas en apenas 160.000 kilómetros cuadrados. De ellos, la mitad depende de la piscicultura y la agricultura. “Son suelos arcillosos, pobres, y ahí se sustenta esa cantidad enorme de gente”, dice Barba.

Y es que el cultivo del agua tiene ventaja sobre el de la tierra. Abonar un campo con materia orgánica le toma a un argicultor un año, pero si esa misma materia la pone en el agua, ésta la descompone y la aprovecha en semanas y, si a esto se le suma la variable de que se está estudiando un medio acuático tropical, los tiempos se acortan mucho más.
En el centro de Beni hay 1.140 kilómetros cuadrados de lagunas artificiales, lo que significa más de 110.000 hectáreas de lagunas que fueron utilizadas para la piscicultura. En un manejo extensivo, cada hectárea produce 500 kilos de pescado, casi cinco veces más de la carne que actualmente se obtiene del manejo de la misma superficie en pastoreo de ganado. Sin embargo, si el manejo es semiintensivo, la producción crece exponencialmente y se obtienen entre tres y seis toneladas de pescado por hectárea.

Las cifras asustan a Barba. ¿Cuánta gente podría alimentar una producción de este tamaño? Millones. Pero, ¿qué otras evidencias materiales dejaron estas culturas? Cientas.

Con el Apoyo de
CRE Fundación Amerida HOLZK
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